Viajar con niños Vacaciones con niños en Miami y Orlando

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Cuando pensamos en Miami y en Orlando a todos se nos viene a la cabeza una mezcla de parques temáticos, palmeras, grandes avenidas con rascacielos de color rosa y centros comerciales “a punta pala”. La Florida es mucho más que eso y tiene gran cantidad de lugares que merecen la pena, pero hace falta tener algunos datos básicos para planificar un viaje de estas características en familia.

Miami y su corazón latino

Miami es una ciudad multicultural cuyo crecimiento es imparable. Si Nueva York es la “capital” del mundo, Miami lo es de toda Latinoamérica. Pocas veces hablaréis en inglés porque en cualquier comercio en el que entraréis escucharéis todos los acentos que van desde el Caribe hasta el Cono Sur. Mi familia materna es cubana y, como os podréis imaginar, Miami fue una parada obligada en casi todas las vacaciones de mi infancia. Tengo recuerdos de los trayectos en coche con mi abuela hasta la playa de Key Biscayne, de las visitas a sus amigas del colegio y de acompañarla en su día a día, por supuesto sin realizar ninguna de las visitas turísticas habituales en esta ciudad. Este primer viaje con mis hijos y mi marido a la Florida quería que fuera muy ameno para ellos, respetando mucho el ritmo de los niños con el jetlag y haciendo actividades en las que pudieran disfrutar sin agobios.

Existe una oferta muy amplia de museos y parques con actividades para niños en distintos puntos de la ciudad que recogen blogs como Scary Mommy: Zoo Miami, Seaquarium, Jungle Island,  Children’s Museum, Venetian Pools, entre algunos ejemplos. Como era finales de junio el calor era sofocante y preferimos estrenar el fantástico Philiph and Patricia Frost Museum of Sciences en el que había sombra y espacios con aire acondicionado.

Un día científico en el Frost Museum

El museo abrió en mayo de 2017 y dispone de una gran variedad de zonas divididas según áreas de conocimiento: el vuelo “Feathers to the stars”, el ecosistema de agua dulce de la Florida “Rivers of grass” y  el cuerpo humano “Brain the inside story” y “Melab”. Tiene además un acuario de tres plantas y un planetario. Todas las exposiciones ofrecen una interacción directa de los niños con el tema presentado por medio de pantallas, guías con maquetas que pueden tocarse, audiciones, juegos con música, etc.  Lo mejor para mi hijo mayor que ya lee, es que las explicaciones estaban en inglés y en castellano, por lo que el idioma no supuso ninguna barrera para entender las exposiciones.

 

En la sala dedicada al vuelo los niños podían probar la trayectoria de sus aviones de papel en una “pista” específica  para este fin. Había también pantallas explicativas con los principales viajes realizados al espacio. También trataba la fisonomía de las aves y la evolución de los aviones hasta nuestros días.

En el acuario los niños pudieron ver de cerca cómo era la “casa de Nemo”, tocar una anémona y con un simulador experimentar cómo ven los tiburones. Además de que todo estaba explicado con mucha claridad, deciros que los espacios están muy bien distribuidos y no se amontonaba la gente, pese a que era un día en el que había muchas visitas escolares.

En la zona de las terrazas del museo los niños pudieron tocar mantarrayas y construir canales de agua. En “Rivers of grass”, una de las salas contiguas a estos dos espacios exteriores, había un simulador de los bosques de los Everglades que le encantó a mi hijo pequeño. Con cada movimiento los animales se desplazaban por las diferentes pantallas que cubrían toda la sala. Una maravilla. En otra sala, dedicada al cuerpo humano, bailamos sobre unas pantallas de colores para comprobar el funcionamiento de nuestro metabolismo.

El mejor momento del día lo vivimos en el planetario. En la tarde que fuimos ofrecían una película de la exploración espacial y con gafas 3D vivimos un viaje trepidante a Marte y a otros puntos del espacio. Para poder asegurar vuestra plaza es indispensable que en la entrada reservéis la hora de la función de vuestra preferencia. El pequeño tuvo un poco de miedo, pero bastó con quitarle las gafas para resolver el problema.

Este fue uno de los sitios de todas nuestras vacaciones que más les gustó a los niños. Pudieron, aprender de los animales marinos, del cuerpo humano, del espacio y de la aviación. La visita del museo puede durar una jornada entera. El día que fuimos algunas alas estaban aún en construcción, por lo que con toda seguridad habrá zonas nuevas que merecerán la pena conocer. Nuestros niños estaban un poco cansados con el cambio de hora y fuimos muy prudentes con el tiempo que destinamos al museo.

El Museo dispone de un restaurante y de una terraza con mesas en donde pudimos comer nuestro propio picnic. Deciros que se llega muy fácilmente en transporte público, pues el Omniloop del Metromover llega justamente delante del museo en la parada Museum Park. Tenéis un parking en las instalaciones pero el precio es un tanto elevado si queréis estar todo el día en el museo.

Tarde de parque con primos

Miami cuenta con decenas de parques públicos que pueden consultarse en la web del condado, según la actividad o característica que necesitéis. En la mayoría de los casos encontraréis mesas de picnic, áreas con toldos y árboles, caminos para ir en bicicleta y lavabos en excelente estado.

Nosotros estábamos en el barrio de Coral Gables, una zona residencial bastante tranquila y pasamos la tarde disfrutando del parque Dante Fascell. Vimos iguanas, pavos reales, ardillas y pudimos descansar del calor con la generosa sombra que cubre la zona de juegos. Los baños estaban impolutos y había varias mesas de picnic donde pudimos merendar. En la entrada veréis pistas de tennis y un parking mediano. Los niños estuvieron encantados de conocer finalmente a sus primos americanos y aprender a jugar baseball.

Si queréis pasar una parte del día en este parque, deciros que la zona es fantástica porque a escasos diez manzanas os encontraréis con Sunset Place, un centro comercial abierto con terrazas, cines y tiendas. A menos de cinco minutos de allí tenéis una estación de Metrorail y varios restaurantes con terrazas childfriendly como la de Casa Cuba, que es mi segundo hogar cuando vamos a Miami. Si el calor no da tregua y estáis en esta zona os recomiendo que vayáis hacia el norte, casi en línea recta desde Casa Cuba, a las piscinas públicas Venetian Pools. Sólo admiten a niños mayores de 3 años y recomiendo que lo hagáis fuera del fin de semana, pues tienen mucha fama en toda la comunidad desde su apertura en 1924.

Comidas en familia

El aire acondicionado siempre ha sido una batalla perdida cuando visito la Florida, sobre todo porque mi familia que vive allí están encantados en su “microclima” polar, pero nosotros no. Cuando entráis en un restaurante parece que estás en Siberia y por más capas que te pongas, estás tullido. Yo no sé vosotros pero yo no llevo una bufanda cuando paseo por Miami, palmeras y lana no casan. Suerte que cada vez más terrazas ponen ventiladores y sofás para que podamos disfrutar de la comida sin el agobio de la humedad característica de esta zona.

Tengo dos recomendaciones de restaurantes cubanos. Casa Cuba se encuentra en el barrio de Coral Gables. Dispone de parking propio, tronas y cambiador. Tiene una terraza de ensueño con plantas tropicales y mucho espacio para que los niños jueguen. Su personal es muy servicial y están acostumbrados a recibir familias. Alguna noche llegamos a ser 20 personas con niños corriendo y muchos cubanos hablando al tiempo (por decirlo suave) y todos los camareros fueron extremadamente amables y pacientes con nosotros. Algunas noches tienen música en vivo y la comida es de muy buena calidad. Ofrecen la opción de acompañar los platos con verdura al vapor, purés y ensaladas, cosa que agradezco mucho en el país de las hamburguesas y las patatas fritas. El segundo restaurante cubano es La Havana 1957. Se encuentra en la conocida calle de Miami Beach Ocean Drive, en los bajos del hotel Marriot Pulse. Tan pronto llegamos nos dieron una trona para el pequeño y ceras con papeles para dibujar, aunque colorearon poco, pues los niños no les daban los ojos observando la gente y los excéntricos coches que paseaban por la avenida.

Mi última recomendación es el restaurante Cascade del Biltmore Hotel. ¿Quién dice que el lujo está reñido con la maternidad? Este hotel de 5 estrellas en el que se han alojado personajes como Al Capone, Ginger Rogers o Judy Garland es un símbolo de Miami. Abierto en 1926 ha sido hospital durante la II Guerra Mundial y sede de la facultad de medicina de la Universidad de Miami. Desde 1987 se realizaron reformas radicales que lo convirtieron en el hotel de lujo de la actualidad. El restaurante Cascade se encuentra en una preciosa terraza que da a la piscina en donde, dicen, alguna vez nadó Tarzán. Tenían un menú infantil con bastantes opciones y les dieron a los niños una cartulina enorme con dibujos y una caja nueva con ceras para cada uno de ellos. Si queréis aprovechar la piscina, podéis alquilar una de sus exclusivas “Cavanas”, equipadas con terraza, ducha y salón-comedor, en donde os podréis relajar todo el día. También podéis comer allí el mismo el menú proporcionado por el restaurante Cascade y dormir una siesta de cine. La Cavana estaba equipada con toallas, botellas de agua fresca y que su personal estuvo absolutamente pendiente de las necesidades de los niños.

 

Durmiendo como reyes en Miami Beach

La cocina es un “must” cuando nos movemos en familia, por esto mi recomendación es el hotel Marriot Pulse, un hotel reluciente y moderno ubicado en un edificio histórico de Miami Beach, con “Kitchenette” en todas sus habitaciones. Se encuentra en la concurrida Ocean Drive, a pocos metros de un acceso a la playa. En el lobby del hotel encontraréis juegos de mesa para los niños y una wii, que obviamente fascinó a mis niños. También hay lavadoras y secadoras, cosa que se agradece cuando se viaja en tribu.

En la habitación, además de nevera, fregadero, microondas y el menaje necesario, encontraréis un carrito para la playa con toallas, sillas, sombrilla y nevera. Nunca había visto un hotel que ofreciera este servicio de manera gratuita a sus huéspedes. Esto nos facilitó muchísimo nuestro día playero. Aunque se encuentra en una de las zonas de mayor afluencia en horas nocturnas quisiera puntualizar que las habitaciones están completamente aisladas y dormimos fantásticamente. No disponen de cunas, por lo que si viajáis con bebés quizá este no sea vuestro alojamiento ideal.

Nos vamos a la tierra del ratón

En dirección al norte, a poco más de tres horas en coche se encuentra Orlando. La meca de los parques temáticos del mundo y uno de los sitios más húmedos en los que jamás haya estado. Debido a la extensa oferta de actividades para hacer con niños en Orlando y alrededores es muy importante que toméis el pulso a vuestros hijos para ver qué les puede interesar más y comprobéis las alturas de las atracciones, antes de adquirir entradas. Si les llama la atención el mundo marino existen diversos acuarios con atracciones como Seaworld, Aquatica y Discovery Cove, entre otros. Desde hace pocos años los dos parques de Universal Studios se han consolidado en la mejor opción para pasar el día en Orlando. Encontraréis todo el mundo de Harry Potter, los superhéroes de Marvel y los Minions, entre otros personajes. Nosotros esta vez lo descartamos porque el pequeño no podía subir a casi ninguna atracción, pero la próxima, no nos lo perderemos por nada del mundo. Si os gustan las montañas rusas a menos de una hora en coche encontraréis Busch Gardens, una mezcla de zoo y parque de atracciones que gusta mucho a los niños de 12-18 años. Por último tenéis a pocos kilómetros la estación espacial de Cabo Cañaveral Kennedy Space Center que cuenta con un museo y diversas atracciones que pueden adquirirse por separado.

Nuestra elección para este viaje fue dos parques de Disney: Magic Kingdom y Epcot y Legoland, en la localidad de Winter Heaven. Eran los parques en los que los dos niños (4 y 7 años)  podían subir a más atracciones, aunque os advierto que pese a mi planificación, hubo bastantes sorpresas para todos.

Magic kingdom: un clásico imprescindible

Disney consta de 4 parques temáticos: Magic Kingdom, Epcot, Animal Kigdom y Hollywood Studios. He visitado los dos primeros decenas de veces cuando era niña y no os podéis imaginar las larguísimas colas que hacíamos a prueba de calores delirantes y multitudes desmedidas. Gracias a la tecnología de los optimizadores y al fastpass no tuvimos que hacer casi colas en las atracciones. También tengo que decir que Disney domina de un modo excepcional la marabunta. Nunca había visto tal nivel de organización. Muchas de las atracciones con mayor afluencia como la de Peter Pan o la de Dumbo ahora cuentan con espacios interiores para hacer la cola y con mini-atracciones para que la espera no se haga eterna. En la de Dumbo incluso nos dieron un localizador electrónico en la cola para que los niños pudieran jugar en una especie de “chiquiparc” hasta que la luz nos avisara que nuestro elefante estaba listo para volar. Ellos ya no les interesaba Dumbo, lo que querían era seguir jugando en esta fantástica carpa de circo llena de sorpresas.

Magic Kingdom es el parque temático con mayor afluencia del mundo. Si habéis estado en Disney Paris veréis bastantes similitudes entre estos dos espacios, pero en el caso de Orlando el parque no se hizo para acoger tantísimas personas al día, por lo que sus calles y plazas con mucho más estrechas. Por esto es fundamental elegir un día de la semana en la que no haya tanta gente y planificar las atracciones el máximo posible, como aconsejo en mi lista de recomendaciones, al final del post.

Es esencial llegar una hora y media antes de la apertura del parque. El Magic Kingdom está separado del parking por un lago. Una vez aparcáis, tendréis un primer control de seguridad y deberéis coger un barco que cruza el lago o bien el Monorail, que no siempre funciona. Esto significa casi una hora de tiempo desde que entráis en el coche en el parking hasta que llegáis al Magic Kingdom. Una vez allí, pasáis un segundo control de seguridad y podéis disfrutar de la atmósfera de Disney sin estrés, tomaros un café y pasear tranquilamente. La zona alrededor del castillo que conduce a las atracciones está acordonada hasta las 9 AM. Todos nos ubicamos en la plaza delante del castillo para disfrutar del show de apertura de las 8:50 AM. Tengo que decir que ese fue el momento más mágico de todo el día. Salieron todos los personajes que fascinan a nuestros hijos y el hada madrina de la Cenicienta al son del “Bididibadidibú” abrió las atracciones del parque.

Sabemos que después de pagar la entrada a estos parques el bolsillo queda algo resentido y que, con el fin de aguantar jornadas tan extensas (nos fuimos del hotel a las 7 AM y volvimos a medianoche), hay que llevar “gasolina”. En Disney son muy estrictos con las medidas de las neveras y bolsas que ingreséis a los parques pero el picnic está absolutamente permitido. Después de leer unos cuantos blogs sobre los parques, encontré una zona de picnic maravillosa. Detrás del castillo se encuentra la isla de Tom Saywer. Un bosque con pequeñas atracciones relacionadas con la obra de Mark Twain. Había un molino, una cueva con un tesoro, puentes colgantes y casitas de madera como si estuvierais dentro de un libro. El mejor hallazgo, una zona de picnic limpia con una fuente de agua al lado y muchísima sombra. No había nadie.

Creo que en todas las veces que fui al Magic Kingdom nunca había estado en esta zona. Es ideal porque escapáis del gentío, corre un aire fresco, los niños pueden relajarse y jugar sin pensar en las colas y en el calor. Una maravilla. Además los barquitos que llevan a la isla salen cada 5 minutos, así que podéis tener un rato de descanso sin temor a perder las horas de fast pass o atracciones que teníais programadas.

Un aspecto que quisiera mencionar es la increíble limpieza y estado de los baños de todo el parque. Es realmente digno de admiración teniendo en cuenta la cantidad de gente que los está utilizando. Dispone de habitaciones para lactancia, para cambiar a los bebés y calentar los potitos o biberones. Yo aproveché la zona nueva de Rapunzel para descansar con mi pequeño. Había mucha sombra, bancos, mesitas e incluso enchufes para cargar el móvil, ocultos en el mobiliario. El pequeño durmió una siesta de campeón y yo recargué baterías. Delante había un baño perfecto donde pudimos refrescarnos y cambiarnos para continuar con la jornada.

En Magic Kingdom la diversión está asegurada. A todas las atracciones, salvo a la del Space Mountain, pudo subir el pequeño. Tiene tres espectáculos imperdibles: el de apertura, el de las 15.00  horas y el nocturno. El de la tarde les encantó, aunque el calor a esa hora era impresionante. Nosotros nos colocamos en “Adventureland” en una tarima que nos fue de fábula para poder ver todo el desfile sin interferencias. El show de clausura también fue precioso e impactante, pero a esa hora los niños ya no podían más con su alma y puedo afirmar que a esas horas nosotros disfrutamos más que ellos.

¿Cómo vivieron los niños este día mágico? Mi pequeño está obsesionado con la Bella. Creo que de mayor será un “rompecorazones” y lo que más le gustó fue estar con ella en una visita teatralizada al castillo de la Bestia. Ella les habló de su biblioteca y les regaló a los niños un punto de libro que él guardó como su más preciado tesoro. Me sorprendió muchísimo que otras atracciones más “trepidantes” que subimos no le hubieran impactado tanto como la Bella, pero así son los niños. El mayor que no podía ni ver una montaña rusa en pintura estuvo fascinado con el Thunderbig Railway Mountain, a la que subió tres veces. La cola le encantó porque podía “detonar” bombas y explotar volcanes en ese mini-cañón por donde pasa el trenecito del oeste.

Epcot: tecnología y ciencia al estilo Zemeckis

Epcot fue el otro parque de Disney que visitamos y posiblemente el que menos gustó. A mí me sigue fascinando, quizá porque lo asocio con las vacaciones de mi familia cuando era niña y con anécdotas concretas de mis hermanos. El parque tiene pocas atracciones, pero a mí me sigue pareciendo que ofrece variedad de actividades, quizá un poco diferentes a las que tienen los otros parques de Disney. Está dividida en una zona ambientada en el “futuro”, una visión futurista similar a la que tenían las películas Robert Zemeckis del siglo XXI. Allí se encuentran las principales atracciones que atraen al público como Soarin, Test Track y Mission to Mars. Las dos primeras son mis preferidas de todos los parques en los que he estado. Tienen la dosis de adrenalina y entretenimiento perfecto para mí. Os consejo que vayáis a estas dos atracciones en la primera hora de apertura del parque.

En la zona posterior del parque os encontraréis con el “Showcase”, una especie de feria de exposiciones de países del mundo. En cada país, además de que os encontrareis con personas autóctonas de la nación en donde se encuentran, podréis comer y comprar productos típicos de allí. Hace pocos años han ido introduciendo atracciones nuevas en los países, para que los niños puedan disfrutar más de este espacio. Es el caso de la atracción de “Frozen” en Noruega, que nos gustó muchísimo y de “Ratatoille” que pronto abrirán en Francia. En todo el Showcase encontraréis repartidos personajes de las películas y espectáculos de circo y música en horarios que podéis consultar en la web de My Disney Experience. Mi hijo mayor que de grande quiere ser maquinista, disfrutó muchísimo con la maqueta de trenes de Alemania que está llena de pequeños detalles maravillosos.

Picnic o no picnic. Aunque en este caso disponéis de un abanico infinito para comer muy bien, desde pizzas, hasta un buen falafel o un sushi, tenéis zonas con bancos que dan al lago donde podéis disfrutar vuestro picnic. Detrás de los jardines japoneses hay también una zona cubierta con mesas y sillas en donde podréis también comer tranquilamente.

Epcot no dispone de un espectáculo de apertura como en los otros parques, pero es igualmente aconsejable llegar al parking al menos 45 minutos antes de que lo abran. Los controles de seguridad y la caminata desde el coche hasta la puerta ameritan este margen para que podáis disfrutar de las atracciones más populares sin hacer largas colas. La atracción preferida de mi hijo pequeño fue “Test track” y la de mi hijo mayor fue la tradicional “Spaceship to Earth”, que simplemente narra la historia de la comunicación desde la prehistoria hasta nuestros días. En este parque también tuvimos la oportunidad de saludar a Mickey Mouse y a sus amigos sin las colas habituales del Magic Kingdom.

En resumen. A mi hijo mayor a mí nos encantó, pero al pequeño y al padre no. Les faltaron atracciones y un poco de la magia de Mickey Mouse. Epcot deberá incorporar a los países más incentivos para que los niños se interesen y actualizar atracciones más educativas que han quedado ancladas en el pasado como “Imagine” y “The Land”. El espectáculo final para mí es el mejor de todos los parques, por la espectacular combinación de fuegos artificiales, luces láser y música. La ventaja que tiene Epcot sobre el Magic Kingdom es que una vez se cierra el parque, se puede ir tranquilamente caminando hasta el coche sin tener que tomar ningún otro medio de transporte adicional.

Legoland: la sorpresa de las vacaciones

A casi una hora en coche en dirección al norte, desde Disney, se encuentra Legoland. El parque temático más grande esta franquicia y el preferido de mis niños. Dejémonos de Mickey Mouse y de princesas. Este parque triunfó desde el primer minuto en el que entramos hasta su cierre a las 19.00 horas. Se encuentra en uno de los parques de atracciones más antiguos del país y cuenta con bastantes jardines y zonas verdes cuidadas.

Legoland adquirió este parque hace poco más de diez años y lo convirtió en un parque ideal para niños de 2 a 10 años. Mi hijo menor pudo subir en todas las atracciones, salvo en la montaña rusa de “School of Flight”. Había cantidad de atracciones especiales para niños, todas ellas inspiradas en el mundo de Lego. También dispone de una zona de exposición ajardinada con ciudades hechas de lego y varias salas donde los niños pueden hacer diferentes talleres relacionados con la construcción de legos.

El parque es mucho más sencillo que los de Disney pero tiene mayor cantidad de atracciones para el rango de edad de mis hijos. No recomiendo en absoluto este parque para niños mayores de 12 años porque se aburrirán al cabo de unas horas. No esperéis atracciones llenas de adrenalina, pero para mis hijos y para nosotros fue más que suficiente. El pequeño disfrutó muchísimo de las tres montañas rusas a las que pudo subir, eran realmente geniales para su edad, especialmente la de “The Dragon” en la zona de los reinos. Pudieron conducir barcas y coches de lego, “volar” en una montaña rusa y remojarnos hasta quedar calados en la guerra de agua de la aventura “Quest for Chi”. El pequeño “apagó” un incendio desde el camión de bomberos (un sueño hecho realidad para un niño de 4 años)  y condujo un tractor de duplos.

Una de las atracciones que más les gustaron fue la de “Ninjago” en la que pasaban por un simulador de artes marciales con 3D  para salvar el mundo. Una observación muy relevante que hizo mi hijo mayor es que las atracciones del Magic Kingdom en su mayoría son de “sentarse y ver cosas”, pero en las de Legoland, además de “ver cosas” se puede interactuar con pistolas de agua, rayos láser, volantes, pedalear, etc. Es mucho más entretenido y más si tenemos en cuenta lo mucho que juegan en casa con legos.

Tengo que decir que fue un día redondo. Tenían las atracciones tradicionales que podemos encontrar en el Tibidabo pero mucho más variadas, ambientadas en el mundo de los Ninjas, del safari, los dinosaurios, los caballeros o Lego City. Había espacio de sobras para correr, sombra y jardines para pasear, bancos para descansar y mesas para hacer picnic. Nosotros comimos en unas mesas habilitadas para este fin en la zona de los caballeros, justo al salir de la montaña rusa del dragón.

No puedo comparar la infraestructura de este parque con la de Disney porque es otro concepto. Los baños y las instalaciones no están tan cuidadas, pero a cambio os encontraréis muy pocas colas y podréis repetir las atracciones todas las veces que queráis. Esto relaja mucho tanto a niños como a padres y permite pasar un día inolvidable sin los agobios de Disney. Aquí no hacía falta planificar la visita, íbamos subiendo a las atracciones por las que se interesaban los niños sin orden ni concierto.

Al final de parque os encontraréis un parque acuático maravilloso para cerrar el día. Había un circuito con “donuts” en el que podéis construir torres de legos mientras flotáis en este pequeño río, dos instalaciones de toboganes y chorros de agua para pequeños y niños de 4 a 10 años. Los adultos pueden entrar a estos juegos y acompañar a los niños para mayor seguridad. En este parque es obligatorio que los niños que no sepan nadar lleven un chaleco salvavidas proporcionado por el parque. Como no podían faltar las piezas de lego, en este sector había un circuito de construcción de barcas  en donde los niños podían probar la potencia de sus embarcaciones e ir intercambiando piezas.

Además de hamacas gratuitas, tenéis parasoles en alquiler y Cavanas, si queréis pasar todo el día en el parque acuático de Legoland. La entrada al parque cuesta casi lo mismo que la de Disney pero tiene como ventaja que el segundo día sale casi gratis y puede adquirirse en el mismo parque. Nosotros ya no teníamos tiempo, pero si hubiéramos podido, compraríamos el segundo día para disfrutar de este parque acuático sin prisas.

Legoland tiene ofertas todo el año, así que debéis estar atentos y navegar antes de comprar las entradas. Este año había una oferta en la que por cada entrada de un adulto un niño entraba gratis. Según he consultado en otros blogs Legoland ofrece regularmente ofertas similares que podéis consultar en Mousesavers, por lo que al final el precio de Legoland es considerablemente más bajo que los otro parques temáticos. Elegid muy bien el día en el que vayáis a Legoland, porque al contrario de los otros parques casi todas las atracciones están en la intemperie. Esto influye en que a la mínima aproximación de una tormenta (aunque esté haciendo un sol radiante) se cierran todas las atracciones. Es el pequeño riesgo que debéis correr si queréis visitar este fantástico parque.

Dormir en Orlando: hotel temático vs. Hotel tradicional

Disney dispone de varias decenas de hoteles dentro de sus parques para todos los presupuestos. Incluso tiene un camping, muy próximo al Magic Kingdom. La ventaja de alojarse en los hoteles de Disney es que existen horas en las que el parque solo está abierto para sus huéspedes, así que tenéis carta blanca para disfrutar de las atracciones más solicitadas sin el resto del “mundo mundial”. También tenéis un transporte gratuito desde el hotel hasta los parques, que teniendo en cuenta el tiempo que se tarda en aparcar y llegar a las entradas, es un aspecto que vale la pena considerar. El inconveniente es que el precio suele ser un poco más elevado y la calidad no siempre responde a lo que se está pagando. Legoland también dispone de un hotel tematizado en las inmediaciones del parque y los niños podrán jugar con la ingente cantidad de piezas de lego que abundan en el hotel.

Nuestra elección este año fue el Marriot Grande Vista. Un extenso complejo hotelero rodeado de un lago con habitaciones equipadas con cocina y lavandería. Después de estar tantas horas caminando, viendo mares de gente realmente era fantástico descansar en una de las 4 piscinas del resort. La de nuestra zona tenía barbacoas, baños y solarium. En el edificio principal había un chiquiparc en donde estuvieron los niños una tarde que cayó el diluvio universal. Esa sala nos salvó la vida porque con tanto parque los niños estaban al borde de un ataque de nervios con una mezcla de cansancio y excitación.

En la cocina del apartamento pudimos preparar todos nuestros picnics y disfrutar de una cena sencilla después de las jornadas maratonianas que nos pegamos en los parques. Las camas estaban de lujo y los baños relucientes. A 5 minutos del hotel estaba la entrada de Seaworld y a menos de 15, los parques de Disney. Muy cerca también había un supermercado y los principales outlets Premium que ponen de cabeza a todos los turistas.

Ir a Miami y Orlando con mi familia fue una experiencia inolvidable. Los padres a veces nos complicamos la vida pensando en planes increíbles que puedan sorprender a los niños, pero en este viaje ellos me han dado una gran lección. Las cosas pequeñas y simples son las que más disfrutan y por las que volverían a la Florida mañana mismo, si pudieran. Si visitáis esa fantástica zona de Estados Unidos estar muy atentos y escuchar a vuestros hijos porque tienen mucho que enseñarnos.

Sumario de recomendaciones

CÚANDO: Evitar al máximo viajar en temporada de huracanes (agosto-noviembre). En diciembre la temperatura es muy agradable, pero tiene el inconveniente que es el mes en el que muchos turistas acuden a la Florida, huyendo de las temperaturas gélidas del norte. De enero a mediados de junio es una buena época.

QUÉ LLEVO: Llevar siempre un jersey a mano. Los aires acondicionados de la Florida son helados y el contraste de temperatura puede haceros una mala jugada. En la Florida el tiempo cambia en segundos y puede llover en cualquier momento. Llevad siempre un chubasquero a mano, especialmente los días de los parques temáticos.

TRANSPORTE: Si la estancia se realiza en Miami Beach o en el centro de Miami (Brickell, Coral Gables), puede prescindirse del coche porque el Metrorail conecta muy bien con las zonas más visitables de la ciudad. Los hoteles de los parques temáticos en Orlando disponen de un servicio regular de autobuses gratuitos para transportar a sus huéspedes hasta los parques temáticos, pero si no os alojáis en esas zonas o estáis en un hotel fuera de los parques, el alquiler de un coche es imprescindible.

PARQUES TEMÁTICOS: Planificad al máximo los parques temáticos que visitaréis. Existen actualmente numerosas apps que contribuyen a optimizar el tiempo y evitar colas eternas. Nosotros utilizamos muchísimo touring plans para los días que estuvimos en Magic Kingdom y en Epcot. Me ayudó a elegir con mejor criterio las reservas de los fast pass y me planificó el orden de las atracciones para que pudiéramos subir al máximo posible. Os tenéis que dar de alta en la plataforma My Disney Experience para comprar entradas, reservar los fastpass y los eventos de los parques.

ALOJAMIENTO: Sabemos que Estados Unidos es costoso, y si a eso sumamos los elevados precios de las entradas a los parques, hay que valerse de diversas estrategias para “sobrevivir” dos semanas en la Florida. Mi consejo es que busquéis alojamiento con cocina o con nevera y un microondas. Todos los días que fuimos a parques llevamos nuestro picnic y al regresar al hotel fue de agradecer que pudiésemos hacer una tortilla en un momento.

RESTAURACIÓN: La mayoría de restaurantes de Miami y la Florida reciben familias con niños. Es la zona más turística de Estados Unidos y una de las más visitadas del mundo. Los restaurantes tienen menú infantil,  trona, cambiadores y papeles con ceras para que los niños se entretengan. Eso sí, con un solo menú comen dos y hasta tres niños.

ALTERNATIVAS CUANDO LLUEVE: Si os llega a pillar la lluvia en Miami os aconsejo que vayáis al Museo Frost o al Children’s Museum. En el caso de Orlando es muy recomendable el parque temático Crayola Experience que está en un centro comercial y tiene multitud de actividades para que los niños desarrollen su creatividad.

SHOPPING: Las compras son también un punto clave cuando se visita la Florida. Hay muchísimos outlets a precios de risa, comparado con lo que conseguimos en España. En Orlando está la cadena Premium, pero es muy grande y muy concurrido en temporada alta. Os recomiendo un outlet pequeño: Lake Buena Vista Factory Store. Tiene un pequeño parque con columpios y creo que no resulta tan agobiante para los niños como otros centros comerciales.

 

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