Mammás de BarrioLaura, una mamma de barrio en Sants

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Soy Laura, periodista especializada en maternidad y madre de dos criaturas. Mi pareja y yo somos unos enamorados de Sants desde que nos instalamos aquí hace nueve años.

Nuestra manera de vivir el barrio ha cambiado mucho desde que nacieron Rai, de tres años, y su hermana Sofia, de uno, aunque mantenemos algunas costumbres inamovibles. La más sagrada es desayunar el fin de semana cruasanes de chocolate de Casa Vives. Otras han cambiado. Tener criaturas es una de las mejores formas de redescubrir los lugares.

Cuando nació Rai nos dedicamos a rastrear todos los recursos para familias del barrio, especialmente los públicos. A veces es difícil acceder a esta información, a la que se acaba llegando por el boca a boca de las madres y padres que vas conociendo. El primer punto de encuentro para muchas familias del barrio ha sido el grupo de lactancia del Assir Numància, un espacio potentísimo de conocimiento y empoderamiento dinamizado por una comadrona, que me ha servido para hacer tribu con otras madres afines que aún mantengo tiempo después.

A partir de ahí nos hemos seguido encontrando en lugares como los encuentros ‘Benvingut nadó’ del Espai Familiar, las tardes de juego libre en la Ludoteca Olzinelles, el espacio infantil de la Biblioteca Vapor Vell, los talleres de música para peques del centro cívico Cotxeres de Sants, el grupo local de Alba Lactancia y las jornadas de juego en familia itinerantes dinamizadas por Tata Inti. También hemos dejado a las criaturas con nuestras parejas en el grupo de crianza para padres Papapà, un proyecto pionero de juego y crianza que fomenta la corresponsabilidad y el juego en familia.

Tenemos la suerte de vivir en un lugar muy reivindicativo, que ha ido ganando espacios gracias a la lucha vecinal. Algunos de los sitios que ahora disfrutamos con nuestras criaturas han sido largamente batallados por familias del barrio, y eso es algo que me hace sentir muy orgullosa del sitio donde vivimos.

Es el caso del parque de la Espanya Industrial, uno de los mejores y más amplios de la zona, construido en los 80 después de una larga demanda vecinal. Tiene sombra (algo que en verano se agradece mucho), el segundo lago más grande de la ciudad, césped, un frontón, mesas de ping pong, un bar y zona para perros. Otros espacios con una historia similar y geniales para ir con los peques son Can Batlló, una antigua fábrica téxtil reconvertida en espacio vecinal que incluye cafetería, rocódromo, biblioteca, auditorio, carpintería y sala de circo; la Lleialtat Santsenca, un espacio de gestión comunitaria que programa teatro y talleres infantiles, y los Jardines de la rambla de Sants, que cubren las vías y desde los que miramos cómo los trenes llegan a Barcelona. ¡Les fascina!

Para comer en familia, nuestro restaurante preferido es La Carota. Tiene todo lo que una familia con criaturas necesita: tronas, espacio para dejar el carro, un cambiador con toallitas, mucha amabilidad y paciencia, y un muy buen menú del día. ¡El arroz de los jueves es delicioso! También nos podéis encontrar en el Terra d’Escudella o en La Nova Farga, donde siempre reciben a los pequeños con alegría. Los viernes por la noche toca pedir unas pizzas all’uovo para llevar en La Briciola.

Vivimos cerca de la plaza Osca, donde puedes sentarte en cualquier terraza (siempre que una pandemia no obligue a cerrarlas) mientras los niños corren al lado. Las calles de los alrededores son semipeatonales y muy agradables para pasear. La mayoría de casas son super antiguas. ¡La nuestra es de 1916!

Nos encanta vivir en esta especie de casco antiguo de pueblo, tranquilo pero a un paso de la calle de Sants, que es la vía comercial más larga de Europa.

En el comercio de barrio encontramos todo lo que necesitamos. Desde que somos padres hemos ido modificando también algunos de nuestros hábitos de compra. Una de las primeras cosas que cambiamos fue el jabón de lavar la ropa, que ahora compramos hipoalergénico para no tener que separar la ropa de bebé de la nuestra.

Así descubrimos Saponina a Granel, de donde hemos ido incorporando opciones de higiene más naturales. La ferretería ahora también es el sitio donde encontrar cantimploras y porta bocadillos para el cole: en Porxas hay para elegir. En el reformado Mercat de Sants jugamos a repasar los nombres de todos los alimentos. En días especiales pasamos por Llet Crua: a Rai le encanta desde muy pequeño el queso curado bien fuerte y es su paraíso (os recomienda el Payoyo). Mi librería de cabecera es La Ciutat Invisible, que se ha trasladado hace poco a La Comunal, un ‘hub’ de cooperativas. Tienen muy buenas secciones de maternidad, feminismo y ecología.

En La Inexplicable también encontramos los mejores cuentos. ¡Fue de los primeros comercios que visitamos después del confinamiento! Para juguetes con encanto no hay sitio como Fustacadabra.

Y para pasarlo bien, Volvoreta, un espacio de juego libre que también acoge por la mañana el grupo de crianza Colors.

Categories: Mammás de Barrio

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