Hemos probadoLa Stéfani: el filtro de agua de cerámica que filtra como la tierra

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La Stefani
 

Hay objetos que llegan a casa con vocación de electrodoméstico y otros que, casi sin avisar, terminan formando parte de la familia. Eso es lo que me ha ocurrido con La Stéfani, un sistema de filtrado de agua por gravedad elaborado en cerámica natural.

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Cuando la trajimos a casa, reconozco que lo primero que me conquistó fue su presencia. Su color tierra, sus formas redondeadas y ese grifo que invita a acercar el vaso tienen algo doméstico y ancestral.

Pero lo verdaderamente interesante estaba en su interior: un filtro compuesto por arcilla blanca, carbón activo y plata coloidal que trata el agua lentamente, sin electricidad, sin presión y sin necesidad de realizar ninguna instalación.

Durante los primeros días observamos el proceso con la curiosidad que despiertan las cosas nuevas: llenar el depósito superior, esperar a que el agua atravesara el filtro y probar cómo iba evolucionando su sabor.

Y cuando un cambio sostenible resulta tan sencillo de incorporar a la vida familiar, merece que os lo cuente. ¿Verdad que sí?

¿Cómo funciona La Stéfani?

La Stéfani recupera un principio muy fácil de entender: filtrar el agua como lo hace la tierra.

En la naturaleza, el agua no llega directamente a los acuíferos. Antes atraviesa diferentes capas de suelo y roca que van reteniendo partículas e impurezas. Este sistema reproduce ese recorrido a pequeña escala mediante una vela filtrante compuesta por arcilla blanca microporosa, carbón activo y plata coloidal.

Según explica la marca, la arcilla actúa como barrera física, el carbón activo contribuye a absorber compuestos como el cloro y a mejorar el sabor, y la plata coloidal ayuda a proteger el filtro frente a la proliferación bacteriana. Todo sucede lentamente y por gravedad, sin utilizar electricidad ni conectarse directamente al grifo.

El funcionamiento es muy intuitivo. Se vierte el agua del grifo en el depósito superior y esta va atravesando la vela filtrante hasta acumularse en el recipiente inferior, lista para servirse. Una boya regula el paso entre la reserva de agua pendiente de filtrar y el depósito de agua ya filtrada.

Este ritmo pausado requiere un pequeño cambio de hábitos. No se trata de abrir un grifo y obtener agua al instante, sino de ir rellenando la fuente para disponer siempre de una reserva preparada. En casa lo incorporamos enseguida: la llenamos por la mañana o después de las comidas y dejamos que haga su trabajo.

No necesita cables, obras ni instrucciones imposibles: solo agua, un poco de previsión y dejar que la gravedad siga su curso.

La marca dispone de varios modelos y capacidades. La versión Classic de cinco litros está pensada para parejas o familias pequeñas, mientras que los modelos de ocho litros se orientan a familias de tres miembros o más.

¿Quién está detrás de La Stéfani?

Aunque el filtro tiene origen brasileño (donde podrás encontrarla en todos los hogares) la historia de LaStéfani.com comienza en una cocina de Barcelona.

Hace más de doce años, Idoia y Ferran buscaban una alternativa al agua embotellada. Habían probado jarras y sistemas de ósmosis, pero querían una solución más natural, duradera y coherente con su manera de consumir. Así descubrieron los filtros artesanales fabricados por Stéfani, una empresa brasileña fundada en 1947 y especializada en filtros de agua de cerámica.

Compraron uno para su propia casa. Lo utilizaron durante años y acabaron poniéndole nombre: “La Stéfani”. Con el tiempo, aquel objeto cotidiano se convirtió también en un proyecto familiar. Ya instalados en Argentona, en el Maresme, y estrenando maternidad y paternidad, Idoia y Ferran decidieron convertirse en distribuidores oficiales de la marca en España y Europa.

Eso se nota en la manera en la que explican el producto. No hablan desde la distancia de quien comercializa algo que acaba de conocer, sino desde la experiencia de una familia que lo ha tenido en su cocina durante más de una década.

Cuando llevas más de una década utilizando un producto cada día, lo que compartes no es solo un objeto. Es confianza. Idoia, cofundador de LaStéfani.com

Stéfani cuenta con más de setenta años de trayectoria, está presente en más de cuarenta países y fabrica el filtro de agua de cerámica más vendido del mundo.

¿Por qué filtrar el agua de esta manera?

La propuesta de La Stéfani parte de una pregunta muy doméstica: ¿cómo podemos beber agua de una manera más agradable sin depender continuamente de botellas de plástico?

Para muchas familias, comprar agua embotellada implica cargar peso, encontrar espacio para almacenarla y gestionar después una montaña de envases. La Stéfani plantea una alternativa duradera que permite aprovechar el agua del grifo y reducir el consumo de recipientes de un solo uso.

Pero su filosofía va un poco más allá de sustituir una botella por una fuente. La marca reivindica valores como la pureza, la naturaleza, la cercanía, la alegría y la familia, y propone recuperar una relación más consciente con algo tan esencial como el agua.

Me gusta especialmente que no se presente como una solución tecnológica aparatosa. No hay pantallas, avisos luminosos ni consumo eléctrico. Hay cerámica, carbón activo, agua y tiempo. Una tecnología sencilla —la marca la define como “tecnología ancestral”— que encaja bien en hogares que buscan reducir residuos sin añadir más dispositivos a su día a día.

También existe una dimensión estética. La Stéfani no queda escondida debajo del fregadero. Está presente y ocupa su lugar en la cocina como una pieza de cerámica más. Su acabado artesanal y su tonalidad terrosa aportan calidez y hacen visible la decisión de consumir de otra manera.

Una alternativa bonita, sencilla y coherente para reducir botellas sin convertir la cocina en un laboratorio.

Mi experiencia probando La Stéfani en casa

Instalarla fue mucho más fácil de lo que imaginaba. No necesita herramientas ni conexión a la red de agua: se prepara el filtro siguiendo las indicaciones, se monta la fuente y se coloca sobre una superficie estable que permita utilizar cómodamente el grifo.

En nuestro caso, encontrarle un espacio fue importante. La Stéfani tiene presencia y necesita cierta altura para poder llenar vasos y botellas. Una vez elegimos su rincón, comenzó el verdadero periodo de adaptación: recordar que el depósito superior debía estar lleno para que el inferior pudiera ir acumulando agua.

Los primeros días el sabor fue diferente. La propia marca explica que, al inicio, puede percibirse con mayor intensidad el contacto con la arcilla y que después evoluciona hacia un gusto más suave y equilibrado. En casa también necesitamos ese breve periodo para acostumbrarnos. Con el uso, el agua fue adquiriendo un sabor más neutro y agradable, especialmente cuando la comparamos con el agua recién salida del grifo.

Lo que más valoro es que convierte el agua en algo accesible y visible. El gesto de acercarse a la fuente, abrir el pequeño grifo y servirse resulta sencillo también dentro de las rutinas familiares. Beber agua deja de depender de que haya una botella abierta en la nevera y pasa a formar parte de la vida cotidiana de la cocina.

Además, nos ha ayudado a observar cuánto bebemos y a organizarnos mejor. Cuando el nivel baja, rellenamos. No hay más misterio. Esa pequeña responsabilidad compartida hace que el sistema funcione sin que una sola persona tenga que estar pendiente constantemente.

También me ha gustado la temperatura natural del agua almacenada en la cerámica. No sale fría como la de la nevera, pero resulta fresca y agradable, algo que hace que la bebamos con facilidad durante las comidas o mientras cocinamos.

No diré que La Stéfani pasa desapercibida, porque no lo hace. Precisamente una parte de su encanto es que se ve, despierta preguntas y se convierte en tema de conversación cuando alguien entra en la cocina. Su estética tiene personalidad y puede que no encaje en todos los espacios, pero en nuestro caso ha acabado aportando carácter.

Como cualquier sistema doméstico, requiere cuidados y mantenimiento: limpiar la fuente, seguir las instrucciones de conservación y sustituir el elemento filtrante cuando corresponda. No es un objeto que se instala y se olvida para siempre. A cambio, tampoco depende de complejos recambios eléctricos ni de una instalación fija.

Después de probarla, lo que más me convence no es únicamente el sabor del agua, sino la facilidad con la que se integra en la rutina y acaba formando parte de la familia.

La Stéfani, Approved by Mammaproof

Sello Mammaproof garantizado. Probamos y aprobamos La Stéfani porque propone una manera sencilla, natural y duradera de mejorar la experiencia de beber agua en casa.

Nos gusta su sistema de filtrado por gravedad, que funciona sin electricidad; su apuesta por materiales como la arcilla y el carbón activo; y, sobre todo, que haya nacido de la experiencia real de una familia que llevaba años utilizando el producto antes de decidir compartirlo con otras.

También aprobamos su capacidad para convertir un cambio sostenible en un hábito asumible. No exige reformar la cocina ni modificar todas las rutinas de golpe. Solo reservarle un lugar, rellenarla y dejar que el agua atraviese lentamente el filtro.

La Stéfani es para familias que desean reducir el consumo de agua embotellada, valoran los objetos duraderos y están dispuestas a incorporar el ritmo pausado de la filtración natural a su día a día.

Porque cuidar del planeta también puede empezar con un vaso de agua.

¿Quieres que el agua vuelva a saber a agua? En LaStéfani.com puedes conocer los diferentes modelos, elegir la capacidad más adecuada para tu hogar y descubrir cómo funciona su sistema de filtrado de cerámica.

También puedes seguir el proyecto de Idoia y Ferran en Instagram, en @agua.lastefani, donde comparten su filosofía y su experiencia alrededor del agua, la tierra y la vida familiar.

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