Este fin de semana hemos podido pasar unos días entre naturaleza, iglesias románicas y una de las mejores pistas de esquí de Cataluña. La Vall de Boí, reconocida como Destino de Turismo Familiar, ofrece una perfecta combinación de naturaleza y un conjunto románico declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, una mezcla singular que le confiere esa magia especial y que nosotros hemos completado visitando el precioso municipio de Vilaller.
En casa somos unos amantes de la naturaleza, pero a la vez, como buenos historiadores siempre nos llama ese factor histórico, de vestigios, de leyendas, de relato. Quizá es por esto que la Vall de Boí es uno de nuestros rincones favoritos. Lo hemos explorado a fondo y ¡os contamos todos los detalles!
Visita por el valle: naturaleza y patrimonio Románico
Nuestra ruta comenzó en la Oficina de Turismo de la Vall de Boí, en Barruera, parada imprescindible para recoger información sobre todos los planes de la zona. Txell y Silvia, tenían ya un pequeño kit preparado con toda la información necesaria para exprimir la zona al máximo, mapas de orientación y un pequeño detalle, una botella de agua reutilizable ideal para empezar el recorrido!
Nuestra primera parada fue la iglesia de Santa María de Cardet. Se encuentra en el extremo del pueblo, sobre un barranco, lo que permite que su ábside tenga una altura espectacular. Es de muy fácil acceso y las vistas al río Noguera de Tor des del Mirador de Cardet son, sencillamente, impresionantes.
Después, nos dirigimos al Salencar de Barruera. Es un paseo circular de unos 1,5 km, 100% accesible y adaptado para carritos. En la oficina de turismo nos dieron un kit de orientación que hizo que los niños se divirtieran muchísimo marcando los puntos del recorrido. El itinerario cuenta con pasarelas de madera que te permiten “flotar” sobre el humedal, paneles informativos sobre los animales según la estación y un mirador de aves perfecto para observar la fauna local.


Un plan ideal para recorrer con criaturas de todas las edades, conectando con la naturaleza con unas vistas a las imponentes montañas nevadas. Y al finalizarlo, encontraréis un pequeño parque lúdico con tirolinas, toboganes y columpios (que todas las familias sabemos que nos echa un cable cuando el cansancio aprieta en las excursiones…)

Para reponer fuerzas, nos dirigimos a comer al Restaurante El Plató, en Barruera. Un lugar muy acogedor con una decoración temática de cine donde probamos la gastronomía local. No os podéis ir sin probar su escudella, un plato de la gastronomía catalana ideal y reconfortante que nos vino de perlas para recuperarnos del frio exterior.

La tarde la dedicamos a nuestra otra pasión: el patrimonio. Primero visitamos la iglesia de Santa Eulàlia d’Erill la Vall, donde destaca la copia del grupo escultórico del Descendimiento de la Cruz, que estuvimos observando con nuestras criaturas, mientras descubríamos su historia a través de los paneles informativos.


Luego, entramos al Centro del Románico de la Vall de Boí, también en Erill. La exposición permanente es un viaje por la historia de la zona ideal para los peques, con varios interactivos con información amena y de fácil comprensión, que nos muestra los orígenes del valle, los momentos claves de su historia, y especialmente, su patrimonio arquitectónico y pictórico. Nos encantaron las maquetas táctiles de las distintas iglesias, muy útiles para entender las diferentes construcciones, las propuestas interactivas de las iglesias románicas, el juego de pictórico del Cristo en Majestad y, muy especialmente, la experiencia inmersiva “Els Ulls de la Història”, que permite ver el conjunto románico como nunca a través de realidad virtual. No os vamos a desvelar muchas pistas de lo que contiene porqué realmente, ¡tenéis que verlo! ¡Pero sí que os podemos decir que nos sentimos plenamente habitantes de la zona y descubrimos un montón de cosas sobre el románico que ni imaginábamos!

Y ya para terminar el día, nos fuimos hasta Sant Climent de Taüll, en Taüll dónde hicimos una visita guiada con Selma, quien nos explicó con mucho detalle la construcción y el estilo de esta iglesia, de su fundación, de sus pinturas y de lo conservado in situ. Fue una conversación apasionante, que disfrutamos enormemente…

Y de colofón, lo más impactante: el video mapping del Cristo en Majestad, una reconstrucción digital sobre el mismo ábside de 5’ que deja a los niños boquiabiertos, donde se puede ver desde la totalidad del conjunto como debió ser en su momento como los restos de pintura originales que aún se conservan in situ. ¡Una maravilla que te deja sin aliento!
Y después de un día super completo, nos dirigimos a nuestro alojamiento en Pla de l’Ermita: el Hotel SNO Vall de Boí. Su ubicación es ideal por la proximidad a las pistas de esquí y a los pueblos de la Vall, y cuentan con un menú buffet muy variado para todos los gustos, unas instalaciones super acogedoras y un personal que nos atendió de genial.

Y la verdad es que, con tantas aventuras, ¡casi no nos dio tiempo a pillar la almohada que ya habíamos cerrado el ojo!
Nieve, pistas con nivel y una Gincana digital
El domingo amaneció perfecto para disfrutar de las Pistas de Boí Taüll, así que nos equipamos con todo el “kit esquí”, y ¡directos a pistas!

Es la estación con la cota más alta del Pirineo y la calidad de su nieve es excepcional. Es una estación con nivel, ya que más del 75% de sus pistas son rojas o negras, pero también muy familiar, Andreu, responsable comercial, nos acogió y nos contó todos etos detalles, así como algunos consejos a tener en cuenta. El equipo de alquiler fue muy amable (¡y divertidos, pues los pillamos de carnaval disfrazados!) y en un tris ya estábamos listos para ir a por el teleférico.

Empezamos subiendo por el teleférico de Mulleres y seguimos con Vaques, disfrutando de las pistas que, después como ya nos habían avanzado, tenían una nieve de 10. Para comer algo rápido (¡y rico!) en un ambiente relajado a pie de pista, fuimos al Cow Boí, donde tienen una gran selección de hamburguesas eco y bocadillos con producto local y Ester ya nos estaba esperando. Todo delicioso y ¡qué patatas fritas! ¡mm, nos pusimos las botas!

Tras exprimir el esquí hasta el cierre de pistas, bajamos a Taüll para realizar la Gincana digital por QR “El Secret de la Vall”. Una manera perfecta de descubrir en familia historias escondidas mientras recorríamos las calles empedradas del pueblo. Y para acabar un día redondo, nos tomamos un riquísimo y típico chocolate caliente, al lado de la iglesia de Santa María de Taüll.

Después pusimos rumbo a Vilaller, donde llegamos para alojarnos en el Hotel Maurin. Es un establecimiento familiar regentado por José Antonio y su hermano, súper acogedor y con unos desayunos “de forquilla” (de tenedor) que son el combustible ideal para empezar bien cualquier día.
La Vila Closa de Vilaller y sus entornos
Por la mañana nos esperaba María José, alcaldesa del municipio, para darnos la bienvenida y acompañarnos hasta la oficina de turismo dónde conocimos a María, quién sería nuestra guía durante el día.
Empezamos la visita observando un gran mural con recreación digital en 3D que nos dio la bienvenida al pueblo, para a partir de ahí seguir recorriendo la Vila Closa, el núcleo medieval del pueblo, descubriendo la iglesia, la antigua prisión y los restos de murallas mientras escuchábamos historias locales que daban vida a cada rincón. Seguimos hasta el mirador astronómico Starlight, desde donde entendimos por qué esta zona presume de algunos de los mejores cielos del Pirineo.



Después iniciamos el Camí de l’Obago, un sendero botánico fácil, de alrededor 1k, y perfecto para familias. Durante el recorrido, de una exuberante naturaleza, los pequeños buscaban los carteles de fauna y flora escondidos mientras María, que ya parecía una más de la familia, nos explicaba curiosidades y proponía pequeños observar algunos elementos, haciendo la ruta super amena


La ruta continuó hacia la zona lúdica y las ermitas de Riupedrós y Sant Mamés donde pudimos disfrutar un rato de tirolinas y juegos antes de regresar tranquilamente al pueblo. Después de despedirnos de Maria, regresamos al Hotel Mauri donde José Antonio nos preparó un cordero delicioso. Las costillas compartidas alrededor de la mesa fueron el cierre perfecto para un fin de semana lleno de experiencias.
Volvimos a casa con la sensación de haber vivido mucho más que una escapada. La Alta Ribagorça nos regaló naturaleza, aprendizaje, aventura y momentos compartidos que todavía todos seguimos recordando. Porque hay lugares que no solo se visitan, se viven, y este valle, sin duda, es uno de ellos.
Si estáis planeando una escapada por la zona, os dejamos por aquí más planes para disfrutar de la nieve y el invierno en familia en el Pirineo y las Tierras de Lleida y si preferís visitar Lleida en verano, no os perdáis estos planes. En la web de Ara Lleida, encontraréis un montón de información, recursos y propuestas para disfrutar en familia.


