Los tiempos están cambiando. Nuestra cultura se abre a las nuevas tendencias en la crianza que llegan de EEUU y los países nórdicos y anglosajones. Gracias a las mamás que se atreven a probar y a los negocios que apuestan por ello, nuestras ciudades están volviéndose más abiertas a las familias con bebés.
Al origen de ésta propuesta en concreto, una mamá. La idea prende en la agenda de los cines Maldà y se hace eco en un grupo de Facebook (Sesiones matinales de cine para padres con bebés en Barcelona) creado por otra mamá y que en sólo una semana consigue tener más de 150 miembros.
Es algo tan innovador en nuestra cultura y sociedad que muchos de mis amigos no acaban de creerse bien la propuesta ¿Cómo? ¿Pero de verdad vas con tu bebé al cine? ¿Pero te deja ver la película? Yo contestaría que si bien no hay que ser muy exigente y estar a la escucha de tu hijo o pasaréis un mal rato… la verdad es que la experiencia es satisfactoria y lo más importante ¡puedes hacerlo! ¡Cuantas mamis conozco que sueñan con ir al cine! Parece ser una de las actividades sociales que más hechamos de menos los papis urbanitas.
El domingo que elegimos para probar, Leo decidió hacer una siesta justo antes de entrar. Esto acabó con nuestras esperanzas de que durmieses durante la peli. ¡Mejor así! recomiendo a los papis de entrar en el cine sin expectativas, abiertos a la experiencia y con ganas de fluir. A nosotros nos trajo buenos resultados. Para empezar, el ambiente es divertido. Allá estábamos todos medio cómplices, con la impresión de estar haciendo algo que hasta ahora nos había sido vetado. ¡Entrar en el templo del silencio con nuestro impredecible bebé!. El recibimiento es espectacular, en la taquilla nos indican que podemos subir con el cochecito (tienen un montacargas) y plegarlo o dejarlo bajo la pantalla. Los que vienen con mochila lo tienen aún más cómodo.
La sala es bastante espaciosa y si te sientas en los laterales de la fila tienes fácil acceso a los amplios pasillos ideales para pasear en mochila si tu bebé se cansa de estar sentado en tus brazos. Los que gatean se lo pasan pipa serpenteando la moqueta (bastante limpia por cierto) y los que ya corretean como el mío, flipan con las lucecitas azules que iluminan los pasillos y explorando entre las filas libres de peligro (no se les puede quitar el ojo de encima, pero con la puerta cerrada no pueden ir muy lejos).
Al fondo de la sala han habilitado una mesita baja donde puedes cambiar al bebé. Sinceramente, prefiero ésta opción al cambiador de plástico en el que Leo nunca se dejó atar y en el que a cada salto temía por su seguridad al estar a tanta altura del suelo.
Con su papi nos íbamos turnando y la película se dejó ver. Se trataba de “El concierto” una comedia tierna y divertida cuya escena final con el Concierto de Tchaikovsky para violín en re mayor dejó a Leo extasiado y pidiendo más. ¿Para cuando una sesión matinal de conciertos de música clásica en el Ateneu?




