Este bosque está abierto al público desde 1978, y sus límites conectan directamente con la sierra de Collserola, lleno de pinos, encinas, robles y madroños centenarios. Está en el distrito Sarrià-Sant Gervasi de Barcelona, y tiene diferentes entradas por las cuales acceder a este espacio: por las calles dels Esports, el pasaje de la Blada, la calle Montevideo y por la de Gaspar Cassadó. Se puede llegar cogiendo el Ferrocarril de la Generalitat y bajando en Reina Elisenda.
Es bonita la sensación de estar en un bosque en plena ciudad, con sus subidas, sus bajadas, su vegetación y un precioso mirador en la parte más alta donde las vistas son espectaculares: 17 hectáreas de terreno que permitirán que a nadie le de tiempo a aburrirse.
Aparte de un castillo que pertenece a la familia Tous y que sólo conserva unas pocas paredes hay múltiples servicios para ir a pasar un día completo y lleno de emociones con amigos y los pequeños: mesas de ping-pong (debéis llevaros las palas y la pelota), diversas áreas de juego infantil donde pueden jugar niñ@s de todas las edades, fuentes, zona de picnic…. y dos particularidades que han hecho a Jan y su amiga Ariadna literalmente gritar de alegría: el tren en miniatura y los poneys.
Jan, al escuchar el pitido del tren, se ha lanzado a la carrera gritando Tutúúúú. Después de una cola relativamente larga y el calor (30º a mediados de octubre) hemos subido todos al tren, que por 1,50€ por persona nos ha hecho un recorrido divertido con vistas impresionantes a la ciudad, la emoción de pasar por tres túneles (¡uuuuuuhhhhhh!) y una velocidad que ha permitido que los peques experimentaran cogiendo brotes y ramas al pasar (mamiiiii, abraaaaa).
Han creado una mini estación, con su apeadero, y su campana que se puede tocar tirando de la cuerda (paaana, paaana).
Para los peques ha sido muy emocionante, y nuestro trabajo nos ha costado sacarlos de allí.
Sólo lo ha conseguido la promesa de irnos a ver a los poneys, que residen en unas quadras en la parte inferior del bosque, y pueden montarse por 7,5€ por niño, sin diferenciar edad. Son mansos, y mientras los más peques pueden dar una vuelta sin sobresaltos por el picadero, los más mayores y atrevidos pueden hacer una pequeña excursión acompañados por sus padres (llevando las riendas) por el bosque cercano dentro del recinto, con su casco, su pose de jinetes y su sonrisa.
A nosotros no nos ha dado tiempo, el paseo es de 15-20 minutos y al poco tiempo de llegar iban a cerrar. Los peques, ya hambrientos, han accedido a irse al contarles que les esperaban unos deliciosos bocatas.
Ésta es la parte que nos ha gustado: árboles, zonas de sombra, caminitos que se pierden e invitan a explorare forma segura, áreas de juego preparadas y cuidadas, la atracción del tren y la aventura con los poneys… pero toda moneda tiene su cara y su cruz. Y la nuestra ha sido ir a este parque en día festivo porque el aparcamiento es muy difícil, y tanta gente, sumado al calor, nos ha llegado a agobiar en algún momento. Así que, como nos ha quedado pendiente el paseo en pony, regresaremos… ¡pero entre semana!













