Ciudades Family Welcome Recomendaciones psicológicas para explicar un atentado a los niños

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Tras analizar el tratamiento de los atentados con los más pequeños de la casa desde el punto de vista de la docencia, llega el turno de acercarse en esta serie de artículos surgida tras los atentados de París a la visión de las psicólogas. Como ya hiciéramos en la primera entrega, os animamos encarecidamente a compartir vuestras opiniones y experiencias para enriquecer este artículo y generar conocimiento colectivo. Desde estas líneas también queremos dar las gracias a las psicólogas Olga Marín, Mónica Serrano y Natalia Moreno por compartir con nosotros sus reflexiones como madres, las dos primeras, y como profesionales de la psicología.

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La labor de los psicólogos, siempre tan importante, adquiere una mayor relevancia si cabe tras sucesos dramáticos como son los actos de terrorismo o las catástrofes naturales, acontecimientos en los que pierden la vida muchas personas y que generan en el ser humano un sentimiento de miedo, inseguridad e indefensión. Sentimientos a los que no son ajenos los niños que se ven expuestos a través de la televisión a imágenes dramáticas y que, por edad, ya son capaces de empezar a comprender, en cierta medida, la dimensión de lo ocurrido.

“Como madre, lo primero que me planteo es el acceso a la información que hoy en día tienen nuestros hijos. Me cuestiono hasta qué punto es positivo que los niños tengan conocimiento de la violencia adulta que se produce cada día en el mundo y me planteo hasta qué punto quiero que mi hija forme parte de la manipulación informativa de los medios de comunicación” sostiene Mónica Serrano, autora de la web Psicología y Crianza. Coincide en su valoración Olga Marín, creadora de Mama Om: “Los niños de 6 años y menores no deberían estar expuestos a tantas pantallas nunca, pero en especial durante estos días en que resulta prácticamente imposible no toparse con noticias sobre lo sucedido”.

Pero, ¿es realmente posible mantener a los niños aislados de todo cuanto sucede en un mundo multi-pantalla en el que los impactos audiovisuales llegan desde todos los frentes? “Es complicado, eso está claro. No obstante, a nivel doméstico, sería bueno analizar cómo estamos consumiendo la información en la familia y qué exposición a la misma o acceso tienen los niños”, reflexiona Mónica Serrano.

Partiendo de la idea base de que es complicado aislar a los niños del bombardeo informativo, la pregunta sería cómo podemos reaccionar los padres cuando nuestros hijos han accedido a esa cruda realidad que nosotros preferíamos mantener oculta a sus ojos. Para Olga Marín no es “en absoluto necesario” hablar a los niños pequeños (6-7 años o menos) sobre los atentados, ni comentar el tema delante de ellos: “Omitir lo sucedido es lo que creo más saludable”. No obstante, si como padres sospechamos que se han enterado y que no sacan el tema en casa, sí que es recomendable “preguntar a nuestros hijos qué creen que ha pasado, porque de lo contrario el niño puede malinterpretar la información y guardarse sus preocupaciones y miedos”.

Para la autora de Psicología y Crianza, por su parte, lo ideal es no ofrecer información “si ésta no ha sido demandada”. Si por el contrario, el niño la demanda, “lo coherente” es contarles la historia según creemos nosotros que ha sucedido “de una manera sencilla, lo más objetiva posible, basándonos en descripciones no valorativas y enmarcando los hechos en tiempo y espacio para ir a lo concreto y no incurrir en generalizaciones, ya que éstas abren las puertas al pánico”.

Desarrollar el pensamiento crítico

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Antes que hacer hincapié en la educación emocional, que para Mónica Serrano es algo que tiene que trabajarse día a día, “en lo cotidiano”, la psicóloga apunta hacia la necesidad de desarrollar un pensamiento crítico y creativo en los menores: “La violencia sucede todos los días en alguna rincón del mundo, pero los medios de comunicación seleccionan qué nos van a ofrecer para el consumo, cuánta cantidad, durante cuánto tiempo y con qué frecuencia. Considero esencial, ante este tipo de fenómenos, trabajar el pensamiento crítico en los niños, despertar su creatividad para decidir sobre el consumo de información violenta y desarrollar la capacidad de decidir sobre el propio consumo”, argumenta. “Está muy bien que los padres muestren lo que sienten ante los atentados delante de sus hijos” afirma por su parte Olga Marín, que matiza sin embargo que hay que hacerlo “siempre y cuando sus emociones no les desborden”. La psicóloga catalana también destaca la conveniencia de “dar cabida” a que los niños puedan expresar su miedo, su tristeza, su rabia, su desconcierto: “Si el niño llora, le abrazas y a posteriori le tranquilizas diciéndole que tú lo vas a proteger, que ese es tu trabajo como madre y que estos sucesos no son frecuentes”.

Mónica Serrano defiende al respecto que el hecho de que los padres muestren sus sentimientos ante este tipo de acontecimientos a sus hijos “tiene la misma importancia” que ante cualquier otro. En ese sentido, en opinión de la psicóloga, si la familia ya tiene establecido un buen acompañamiento emocional general, no habrá que tomar estos acontecimientos violentos como algo que deba tratarse “especialmente” sino que “se acompañará en consonancia a la relación emocional habitual”.

Sobre el miedo

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“Cuando un niño ha estado expuesto a la información y pregunta, el omitir o contar mal lo sucedido puede incrementar la sensación de inseguridad en el niño. También puede generar falta de confianza en los demás, pues no está obteniendo la información que necesita. La suma de ambas cosas puede hacer que se dispare la sensación de miedo”, explica Mónica Serrano.

Ante el miedo, Olga Marín recomienda, en primer lugar, que seamos los padres quienes nos tranquilicemos y pongamos las cosas en perspectiva: “Las posibilidades de que un suceso como el de París nos afecte de forma directa son mucho menores que las posibilidades de que suframos un accidente de coche, por ejemplo. Y seguro que no por ello vamos a dejar de conducir”, argumenta.

El miedo, no obstante, es una emoción como cualquier otra, así que como insiste Mónica Serrano, la solución no pasa por combatirlo. “Hemos de permitirnos tener miedo cuando sucede algo así. Es lo normal. El miedo surge ante a percepción de posible peligro o amenaza y es normal que lo sintamos”. Al respecto, la autora de Psicología y Crianza recomienda que, una vez vivenciada e identificada la emoción, volvamos a “nuestro estado basal emocional para continuar con nuestra vida” con toda la normalidad posible.

Nueve pautas para afrontar el tema con niños desde Mammaproof

nos hemos puesto en contacto con Natalia Moreno, coordinadora del departamento psicosocial de la Asociación Víctimas del Terrorismo (AVT) y especializada también en tratamientos con niños, para que nos ofreciese un decálogo de pautas para afrontar sucesos como los ocurridos en París con nuestros hijos. Para la psicóloga de la AVT, en el caso de los niños “debemos tener en cuenta que son personas en desarrollo y que no tienen las herramientas psicológicas para enfrentarse a situaciones críticas”. En función de ello, Natalia Moreno nos propone las siguientes pautas:

  • 1. Explicar el suceso utilizando un lenguaje adecuado y adaptado a la edad del menor, sin dramatizar. En muchas ocasiones es bueno hacer uso de dibujos y juegos.
  • 2. Informar en su justa medida de lo que está ocurriendo, evitando generar imágenes contraproducentes.
  • 3. Evitar detalles escabrosos o describir estímulos impactantes relacionados con el suceso, como pueden ser la sangre, los gritos…
  • 4. Es aconsejable que las personas que se acerquen a explicarle al niño el suceso sean personas cercanas y de confianza. También utilizar un ambiente tranquilo y conocido.
  • 5. No mentirles ni darles información confusa o que ellos no puedan entender.
  • 6. Evitar comentarios que puedan generar responsabilidad al niño o que contribuyan a hacerle sentir inseguro.
  • 7. Normalizar y validar sus emociones. Escucharles y animarles a que pongan palabras a lo que sienten.
  • 8. Conocer y comprender la sintomatología que se pueda dar en los días posteriores al suceso: los niños más pequeños pueden rechazar ir al colegio, querer estar con sus padres constantemente, tener conductas agresivas, enuresis, succión del dedo, ansiedad… En el caso de los adolescentes, estos pueden restar importancia a lo ocurrido, tener conflictos con los padres, bajar el rendimiento escolar, estar más tristes…
  • 9. Estar pendientes a las posibles señales de emergencia: En los casos en los que aparezcan sentimientos como la ansiedad, la tristeza excesiva, los problemas de comportamiento o la culpa, y que éstos sean duraderos y frecuentes, es recomendable acudir a un especialista para prevenir problemas mayores en la vida adulta del niño.

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