Cerca de Barcelona Una escapada familiar completa por Osona y Lluçanès

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Al noreste de Barcelona se encuentra una de las comarcas catalanas más ricas en su patrimonio cultural y natural. Se trata de Osona, una región de 1245 kms2, cuyas poblaciones sintetizan elementos invaluables de su pasado medieval que estuvimos encantados de descubrir en familia. Las fortalezas y castillos que hacían parte de la Marca Hispánica, los monasterios, las masías, las granjas con encanto y las rutas por parques naturales, integran un sinfín de actividades e iniciativas ofrecidas por el Osona Turisme para disfrutar de esta preciosa región a lo largo del año.

Mercado semanal de Vic

Nuestro punto de partida fue el fantástico mercado semanal de Vic el sábado por la mañana. Es recomendable realizar la visita a primera hora, para poder disfrutar sin agobios de los colores de los productos de la tierra: frutas, verduras y embutidos, que sorprenden muchísimo a los niños. Mis peques estaban fascinados con las setas y los caracoles, y eso que este año, dicen los expertos, las lluvias no han sido benevolentes para los “boletaires”. Nosotros estábamos encantados observando las paraditas de productos frescos antes de que llegara la marabunta.

También aprovechamos una parada que cambia semanalmente donde se promueven diferentes actividades de los ayuntamientos que conforman la comarca de Osona. En esta ocasión, con motivo de la feria de Sant Galderic (Tavèrnoles), mis hijos tuvieron la oportunidad de ordeñar una vaca. Vale, no era de verdad, pero a mis niños les pareció genial y por fin entendieron cómo sale la leche de la vaca. Así de paso nos ahorramos la coz y los nervios de estos animales, a quienes conozco demasiado bien por la profesión de mi padre ganadero.

Aunque este mercado semanal celebrado los martes y sábados es el más conocido de cuántos se celebran en Vic, deciros que durante el año esta ciudad acoge diversas ferias y mercados que también pueden ser muy interesantes para pasar una mañana en familia como el mercado Slot, en abril o el medieval, en diciembre. En la web de  Osona Turisme   podéis consultar la programación para organizaros una escapada a esta ciudad llena de historia y actividades para todos los gustos.

 

Ruta histórica con pruebas y pistas

Además de este mercado semanal, vigente desde el siglo XII, Vic reúne una historia arquitectónica que va desde su fundación como “Auso” en el siglo I d.C. hasta su florecimiento como centro religioso y cultural en la Edad Media. ¿Cómo aproximar ese patrimonio a los más pequeños? La Oficina de Turismo de Vic tiene diferentes rutas temáticas que nos ayudan a los padres a resolver esta cuestión.

Además de las audioguías que podéis alquilar en la Oficina de Turismo para visitar libremente los principales monumentos, tenéis propuestas infantiles como la de “El Petit Merma”, un cuento-ruta para descubrir el centro histórico (todos los domingos de octubre) que ha recibido el premio Baldiri i Reixach, y la de El Abad Oliva y el manuscrito perdido”, que puede realizarse cualquier día del año.

Nosotros hicimos esta última ruta y nos tomó poco más de 1 hora y media. Se trata de un cuadernilllo con diferentes pruebas y pistas escondidas en los edificios del centro histórico que los niños deben descifrar para “devolverle” el manuscrito perdido al Abad.  Aquí no valen las trampas. No pienso revelar el buzón secreto donde depositamos el “manuscrito” y sabed que todo está desorden, así que debéis realizar todo el juego para llegar hasta la meta.

Sin duda, esta fue una de las actividades preferidas de mis hijos y con la que aprendieron de una manera muy amena datos esenciales del pasado de Vic. Esta ruta no necesita reserva previa aunque sí el cuaderno y el manuscrito que podéis adquirirlos en la Oficina de Turismo.

Visita a la Xarcuteria Can Roca

¿Y cómo nos íbamos a ir de Vic sin probar sus conocidísimos embutidos y butifarras? Desde hace tres años la Xarcuteria Roca realiza talleres de elaboración de butifarras y productos cárnicos para todos los públicos. Nosotros coincidimos con una pareja de americanos, pero podría decirse que el taller estaba muy enfocado a los intereses de mis hijos. El pequeño por fin pudo comprender dónde “crecen” las butifarras. En vivo y en directo las cosas se entienden de otra manera. Después de que Jordi Roca, el dueño de esta charcutería familiar abierta hace casi medio siglo, nos explicara las diferencias de la etiquetación de los jamones, procedimos a “disfrazarnos” (no veáis qué risas con estos mini-cirujanos).

Lo primero que hicieron los niños fue cortar la carne con la ayuda de un adulto. Después la pasaron por la máquina que la trinchó y en tercer lugar, la adobaron con sal y con pimienta. Aquí disfrutaron de lo lindo con las “manos en la masa”, mezclando los ingredientes para quela carne picara sólo “lo justo”.

La mitad de esa carne la convirtieron en albóndigas y la otra, en butifarras.  Qué satisfacción que tenían cuando veían sus albóndigas listas (cada uno con su cajita para ahorrarnos peleas)  y la madre de todos los misterios: la butifarra. Cómo se le da la forma y se introduce en el intestino de manera simultánea con la ayuda de una “máquina-jeringa”.

Un aspecto que cabe destacar es que las explicaciones que ofrece Jordi Roca no son en absoluto técnicas, es muy amable con los niños y con un lenguaje sencillo y agradable contribuye a que este taller sea una experiencia inolvidable para ellos. Si queréis realizar alguno de estos talleres podéis reservarlo en el teléfono 938850806 o en el mail xarcuteriaroca@gmail.com.

Una comida en un lugar idílico

A pocos metros de la charcutería se encuentra un restaurante increíble para ir en familia. La Reciclària”. Aunque Joan y Karin llevan tan solo 8 meses en este proyecto, su experiencia en “Les cabanes als arbres” en Sant Hilari y la ilusión que han depositado en este nuevo espacio les asegura un futuro prometedor. La Reciclària hace honor a su nombre. Un granero convertido en parking de camiones y, después, en taller mecánico es el espacio en donde converge la originalidad de las piezas recicladas que encontraréis en el restaurante y una buena cocina fiel a sus principios: menús saludables y productos de proximidad.

Nos costó horrores arrancar a los niños de este paraíso. La zona de juegos se encuentra en el interior de una cabaña hecha con palets reciclados, al fondo del local. Debajo de ésta también encontraréis puzles, cuentos, kapplas y un tren de madera que los entretuvo el rato que estuvimos allí. Y es que como afirma Joan “¿Qué niño no ha soñado con tener una casa de madera?”. Mis hijos entraron al restaurante en modo “avalancha” subiendo a toda pastilla las escaleras de la casita. No nos habíamos ni sentado cuando ellos ya estaban en su mundo, disfrutando de este espacio de juegos insólito en un restaurante, hecho completamente a la medida de su imaginación.

La Reciclària presenta una oferta de platos y bebidas variada en donde se puede desayunar, comer o cenar. Tienen posibilidades sin gluten y, aunque los platos vegetarianos son los auténticos protagonistas, también tienen opciones con proteína animal. Nosotros disfrutamos de un menú de mediodía completísimo por tan solo 15 euros. Los platos en sí eran una fiesta para la vista.

Espaguetis de calabaza frescos, paquetitos de pasta de arroz con remolacha, crema de verdura, hamburguesas de pollo, musaka y un tiramisú que estaba fantástico.  Evitan los ingredientes refinados y no tienen refrescos. ¿Quién quiere una coca-cola pudiendo tener batidos de fruta y verdura hechos al momento? Su gran apuesta es ofrecer una alternativa sana para las comidas en familia y que la verdura no se convierta en el eterno enemigo de los niños.

La Reciclària ofrece su espacio para la celebración de aniversarios infantiles. Aquí no falta nada. Tronas, cambiadores, dibujos para colorear y hasta mini-inodoros para que los niños tengan todo cuánto necesiten. Los miércoles y los viernes hay música en vivo y, en ocasiones, artistas locales exponen su obra en el restaurante. Pese a aglomerar espacios tan diversos, con ludoteca y una cocina abierta, veréis que la acústica está muy bien resuelta. Se puede conversar tranquilamente mientras se disfruta de la comida y de todas las piezas que componen este singular restaurante. Un local agradable que esperamos repetir pronto con nuestros amigos.

Nos vamos a Lluçà

Al Oeste de Vic a poco más de media hora en coche se encuentra el Lluçanés, una subcomarca de Osona que limita con el Berguedà y el Prepirineo. Allí encontraréis vestigios de castillos y centros religiosos. El estado de conservación de algunos de ellos es excelente y pueden visitarse, como sucede con el precioso castillo de Montesquiu, del que hablaré más adelante.

Formatges de Lluçà

El Consorci del LLuçanès y la Oficina de Turismo de Prats del LLuçanès han venido promocionando el agroturismo con productores locales de esta zona, desarrollando visitas guiadas, degustaciones y experiencias rurales diversas.  Nosotros visitamos la explotación Formatges de Lluçà, a pocos metros del monasterio de Santa María de Lluçà y del afamado restaurante La Primitiva. Tres planes muy distintos, que se complementan perfectamente para pasar el día y propiciar el contacto de los niños con la historia y la naturaleza.

Formatges de Lluçà constituye la primera parada de la Ruta de la Llet, creada en abril de este año por el Consorci del Llunanès, para apoyar los productos lácteos de proximidad. Jordi Compte y Jordi Costa fundaron este negocio hace tres años con el objetivo de recuperar la raza de cabra pirineica que estaba en peligro de extinción y ofrecer un producto de gran calidad que los diferenciase del mercado.

Una masía de 1613 rodeada de montañas y verdes praderas otorga un entorno magnífico en el que es fácil imaginarse que las cabras de Formatges Lluçà  son “cabras felices”. La sostenibilidad es su valor principal. Se restauran métodos tradiciones de agricultura y se respetan cuidadosamente los ciclos vitales de las cabras y de los prados que las sustentan. Ejemplo de este parecer es que en los meses de invierno solo producen quesos con leche de oveja adquiridos en una granja vecina, hasta que empieza el período de crianza a principios de la primavera.

La visita de la granja empieza con una introducción de la crianza de la cabra y de las características singulares de Formatges Lluçà, tras la cual tuvimos la oportunidad de interactuar con este simpático animal en los establos donde descansaba el rebaño. Esta es la parte de la visita que los niños disfrutaron más. Jordi abrió las puertas y las cabras salieron disparadas a subirse a las rocas. La otra raza de cabras, la alpina que había menor cantidad, claramente tenía otro comportamiento. Las cabras eran mucho más sociables y se acercaban a los niños con curiosidad para olerlos, comer y jugar. Mis pequeños les encantó darles de comer y aprendieron cosas nuevas de este animal del que sabían muy poco.

Después volvimos al jardín de la masía donde nos esperaba una preciosa mesa con pilas de heno para degustar cuatro quesos diferentes, acompañados de un vino blanco de L’Empordà. Los niños prefirieron jugar con el tractor y los camiones que estaban en el jardín. Los adultos realizamos la cata de quesos, con las explicaciones pertinentes, disfrutando cada bocado con tranquilidad mientras observábamos el paisaje. Esta parte de la visita no está tan enfocada para los niños. Como veníamos de la charcutería de Vic mis hijos pensaban que harían queso, pero obviamente, por razones de sanidad y por las características de la elaboración de este producto, no se podía ni entrar en el obrador. Pese a ello, el entorno de esta preciosa masía facilitó que los niños se divirtieran e interactuaran con la naturaleza.

Monasterio de Santa María de Lluçà

A pocos metros de la granja se encuentra el Monasterio de Santa María de Lluçà. Una simpática guía nos explicó la historia y los principales rasgos de este centro religioso que curaba las almas de las masías vecinas y del castillo del mismo nombre. Mis hijos acostumbrados al claustro del Monasterio de Sant Cugat estaban muy sorprendidos por las dimensiones del de Lluçà. Pudieron ver con facilidad los detalles de las columnas porque estaban completamente a su alcance.

En suma, fue una visita muy breve que puede hacerse perfectamente con niños. Los colores y las formas de los retablos y frescos conservados en el interior suscitó múltiples preguntas: “¿Por qué pintaban los ojos tan grandes?”,“¿Mami ese señor qué le pasa, por qué es verde?”, “¿Los reyes Magos existían en la época de los caballeros?”. Madre mía. Ya no sabía dónde meterme, suerte que Marta, nuestra guía, nos explicó que el retablo del altar se salvó del deterioro al ser utilizado como puerta de una porqueriza. Este singular dato ocupó la atención de mis hijos mientras terminamos la visita.

  

Al salir del Monasterio mis hijos descubrieron un pequeño parque con tobogán y columpios en donde jugaron hasta la puesta de sol. Aquí la tranquilidad y la desconexión fueron absolutas. No me extraña que durante siglos Santa María de Lluçà fuera un centro espiritual prominente porque yo me sentí renovada.

Estancia en La Primitiva

Delante del Monasterio se encuentra La Primitiva, un conocidísimo restaurante que cuenta, en su primera planta, con cuatro habitaciones (tres dobles y una triple). Kin Hernández, la propietaria, compró la casa hace veinte años y le dio una nueva vida como restaurante de gran calidad en el que comprobaréis que casi nunca tiene mesas disponibles. El interior de éste local habla por sí solo de su historia. Edificado en los años 50  albergaba la “oficina de correos” de Lluçà, el locutorio, un colmado y una panadería. Un antiguo buzón de color amarillo revela el pasado de La Primitiva como lugar de conexión de Lluçà con el mundo.

El local está decorado con sencillez y elegancia. Es muy acogedor y realmente os sentiréis como en casa. No hay carta. Cada fin de semana Kin confecciona un menú de 5 platos con productos de proximidad. Dispone también de menú infantil, aunque nuestros niños prefirieron probar este magnífico “menú sorpresa”. El plato preferido de mi hijo mayor fue unas coles que parecía comida marciana (dicho por ellos) y que sabía a gloria. Había una ensalada con higos y queso fresco de la granja vecina, arroz con pesto, rollitos de gambas, sopa de remolacha y un delicioso brownie con cítricos. El toque argentino, debido a los orígenes porteños de Kin, no podía faltar. Degustamos una entraña de ternera asada deliciosa tras la cual estuvimos encantados de tener nuestra habitación a una docena de escalones de distancia. 

Debido a la fama de este restaurante durante el fin de semana las habitaciones pueden ser un poco ruidosas. Aunque La Primitiva no es un alojamiento específico para familias, pues no tiene cunas, bañera, juguetes ni habitaciones comunicadas, la amabilidad de su personal y las atenciones que dispensaron con nuestros niños valen más que todo este equipamiento. Mis hijos estaban encantados de “escalar” hasta su cama de rey y pudieron descansar cómodamente. El desayuno fue excepcional. De todos los alojamientos rurales en los que he estado nunca había visto tanta variedad. Todos los productos eran frescos y estaban preparados con mucho cariño.

El Bisaura y Castell de Montesquiu

Para cerrar nuestro fin semana en Osona subimos por una carretera de curvas que nos llevó al Castillo de Montesquiu. Un emplazamiento de gran belleza que pertenece a la red de parques naturales de la Diputación de Barcelona. Se accede fácilmente por un parking gratuito que se encuentra al pie del castillo.

Edificado en el siglo IX como torre de vigilancia del paso del Ter, sufrió una serie de ampliaciones hasta su aspecto actual. Su último propietario, Emili Juncadella, lo cedió a la Diputación en 1936 después de realizar notables reformas. El castillo está rodeado por un parque natural de 600 hectáreas en donde pueden realizarse diversas rutas y actividades relacionadas con el ecosistema de esta zona.

Todos los fines de semana de otoño disponéis de talleres específicos de dibujo, micología, cocina y visitas teatralizadas que pueden consultarse en la web de Turismo de Gesbisaura. En casi todos los talleres se precisa de una inscripción, pues las plazas son limitadas. La oferta de actividades no acaba aquí, pues además de las exposiciones temporales de la “masoveria” el Castillo de Montesquiu acoge festivales de poesía y de música, entre algunos ejemplos.

Nuestra visita se realizó en el “Día mundial de las aves” que acostumbra a celebrarse el primer domingo de octubre desde hace tres años. Esta exitosa iniciativa gestionada por el Grup de naturistas d’Osona, El grup d’Anellament de Calldetenes i L’Institut Català d’Ornitologia  es una jornada 100% family welcome. Había talleres de dibujo de pájaros, construcción de móviles y un concurso de reconocimiento de aves con premios nada desdeñables.

A media mañana “Alma i la mar de contes” realizó un espectáculo precioso con tres historias que tenían las aves como protagonistas. No puedo imaginarme un sitio más idílico para escuchar cuentos teatralizados. Una auténtica maravilla que acerca la temática de esta jornada al público infantil.

Al finalizar el espectáculo los niños vivieron el momento más emocionante de la jornada: liberación en vivo y en directo de dos halcones jóvenes que habían estado casi un año en un centro de recuperación en Santamaría de Palautordera. Previamente, a primera hora de la mañana, se habían anillaron algunas aves del bosque para poderlas identificar y también se había realizado una ruta para observar los pájaros del parque guiados por expertos en ornitología. Esta combinación de actividades resulta muy interesante para toda la familia, pues permite a los niños aprender de una forma lúdica las características de estos maravillosos animales y conocer el parque del Castillo de Montesquiu.

Aprovechamos que habían terminado las actividades de la mañana para visitar el Castillo. Realmente se encuentra en un estado excelente y los niños pudieron apreciar diversos detalles de la vida cotidiana de sus últimos habitantes.

A los niños les llamó la atención un tablero de ajedrez con caras blancas, el juego de té de la señora de la casa, las chimeneas gigantes, la cocina y una escalera que fue trasladada desde un palacio del barrio gótico de Barcelona hasta Montesquiu. “¿Mami, cómo movieron una escalera de piedra?… ¿La desmontaron y la montaron como legos?”. Mmm “¿Con camiones gigantes?”. Desde el campanario pudimos ver más aves con nuestros prismáticos y hasta el Puigmal. ¡Qué día más redondo!

Como broche final tuvimos el gusto de disfrutar una fideuà popular en los jardines del Castillo acompañados de los guardabosques y aficionados de las aves. Estuvimos muy a gusto mientras los niños corrían con una pelota en este parque infinito. Pudimos ver que muchas familias estaban haciendo picnic, tanto en las mesas habilitadas para este fin, como con mantas en el jardín ¿A quién no le gustaría pasar el día en este entorno realmente magnifico? Un planazo como pocos que nos sorprendió positivamente.

Al regresar a casa el pequeño no quería irse a dormir sin antes “consignar” las impresiones de este  fin de semana. Los colores y la ilusión con la que hizo este dibujito reflejan que nuestra escapada a Osona le llegó al corazón. Las salidas en familia solo tienen sentido si los pequeños realmente disfrutan y conseguimos encenderles una “chispa” que quedará grabada en su memoria.

Esta crónica forma parte del programa de visita organizado por la marca Barcelona és molt més de Diputació de Barcelona y Osona Turisme. Las recomendaciones y opiniones aquí vertidas son independientes y basadas en nuestra propia experiencia.

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